jueves, diciembre 14, 2006

Capítulo 3

En el camino de vuelta a casa, mientras mi padre festejaba con mi hermano la victoria de su equipo el Malaka FC, frente al C.D. Mortadelo, por mi mente no pasaba otra cosa que no fuera Fernando, ese asesino que andaba suelto para muchos (hoy no para mi padre, ya que su hijo había ganado, y por lo tanto el árbitro lo había hecho muy bien). Sin embargo, a mi no me había dado la impresión de que fuera una persona distinta a las demás; no le había visto ningún tipo de poder especial, ni tampoco esa maldad tan grande que le atribuían los espectadores de los partidos a los que yo asistía con regularidad, capaces de transformar a Fernando en un demonio, un bicho sin ningún sentimiento, o peor aún, con sentimientos pero malignos. Necesitaba saber cómo se producía esa metamorfosis, de un ser normal que pasaba inadvertido en la calle, pero que llegado el momento en que saltaba al campo de fútbol, cambiaba por completo, hasta convertirse en árbitro. Para conseguir descubrir este dilema, sólo tendría que ir a la dirección que me había dado Fernando, pero esto que parece tan sencillo, no lo es tanto si se tiene en cuenta que apenas tenía 12 años.
Así fueron pasando los días, pensando de qué forma podría ir yo a ese lugar, sin que se enterasen mis padres. Sea como fuere siempre aparecía algún tipo de problema que hacía imposible mi visita al colegio. Curioso que tuviera tanto deseo por asistir a un colegio y más teniendo en cuenta mi edad. Debía tener tantas ganas que no me daba cuenta que el sitio al que ansiaba llegar era un “colegio”.
Un buen día, se me ocurrió utilizar un método muy usado por los niños; el chantaje emocional a las madres. Le dije a mi madre que tenía que acompañarme al colegio de los árbitros y que a cambio de ello, yo le prometía estudiar más que nunca y sacar muy buenas notas. Este truquito, jamás falla con las madres, así que yo tenía muy claro que iba a acceder al chantaje, como así sucedió.
De momento, mi madre prefería seguir manteniendo oculto a mi padre esa nueva afición mía, ya que ella estaba segura que iba a ser efímera.
Una vez que habíamos llegado a la dirección señalada por Fernando vimos lo que desde luego no parecía un colegio. Una casucha vieja (al menos por fuera), en una zona bastante triste (por no utilizar otro adjetivo más peyorativo). Desde luego no era lo que yo esperaba para ser la mansión de Lucifer.
En la puerta había un grupo de chavales que hablaban amistosamente. Justo a su izquierda quedaba una sala en la que se encontraba un señor mayor que supuse sería el “maestro de los árbitros”.

3 Comments:

Anonymous Anónimo said...

Tal como lo pintas, cualquiera se mete a arbitro.

sábado, diciembre 16, 2006 2:49:00 p. m.  
Blogger Los Novios: Mariví y Dani said...

Tranquilo chiquillo, que ya vendrán las cosas buenas. No te adelantes a los acontecimientos. Venga un saludito.

sábado, diciembre 16, 2006 5:36:00 p. m.  
Anonymous Anónimo said...

En todo hay un antes, un durante y un despues....Nadie dijo que fuera facil
Adiooosssssss

lunes, diciembre 18, 2006 1:47:00 p. m.  

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